Y Gyeong-su, por primera vez, sonrió con una certeza terrible: ya no sabía vivir sin el juego. Si quieres, puedo ayudarte a escribir una historia diferente o con personajes originales al estilo de El Juego del Calamar . Solo dímelo.
Despertó en un galpón inmenso, con cientos de personas vestidas igual que él: chándal verde con un número. El 397. Al fondo, unos muñecos gigantes y una voz amable anunciando el primer juego.
Frente a él, solo otro jugador: el 001, un anciano de ojos dulces que sonreía mientras la espada falsa caía sobre su propia muñeca. “¿Sabes, muchacho? Los ganadores siempre son los que menos esperas”.