Intrusos En El Castillo May 2026

—Esto es lo que deben robar —dijo el conde—. No un deseo mágico, sino un viejo sueño. Ahora, con mi firma y lo que queda de mi fortuna, podemos hacerlo real.

—El Corazón de Ébano —respondió Sofía, desafiante—. Para salvar el hospital. Intrusos en el castillo

—¿Estás segura de que es aquí? —susurró Leo, con una linterna temblorosa en la mano. —Esto es lo que deben robar —dijo el conde—

Avanzaron por pasillos alfombrados de polvo, esquivando armaduras que crujían solas. De pronto, una voz grave retumbó: —El Corazón de Ébano —respondió Sofía, desafiante—

—El libro de la biblioteca decía: "Donde el reloj da trece campanadas, el corazón del conde duerme en un cofre de ébano" —respondió Sofía, revisando un mapa amarillento. Era su plan: robar el legendario Corazón de Ébano, una joya que, según los rumores, concedía un deseo a quien la poseyera. Ellos querían salvar el pequeño hospital de Vallefrío, que iban a cerrar por falta de dinero.

—He maldecido a todos los que se acercaban. He puesto trampas y he gritado desde las ventanas. Pero esta noche... esta noche los intrusos han traído algo que creía perdido: esperanza.

—El Corazón de Ébano no es una joya —dijo—. Es el nombre que le di a un frasco de cenizas. Las de mi esposa, Elara. Murió porque el hospital de Vallefrío estaba cerrado cuando ella enfermó, y no llegó a tiempo al otro pueblo. Mandé hacer ese cofre para guardar su recuerdo, y juré que nunca más nadie sufriría por falta de un médico. Pero el odio me volvió ermitaño, y el hospital siguió cerrado.